top of page

«En La Boca de los Caimanes»: una novela con olor a mar, con sabor a Margarita

Por Levannys Figueroa, 07/01/2024




¡Reciban un abrazo de bruja, mis murcielaguitos! En esta oportunidad les pido que detengan su mundo y me permitan contarles sobre algo que me trajo la marea, y que me ha mantenido embelesada durante las últimas semanas. No hablo de otra cosa que de la refrescante y entrañable novela escrita por el autor, poeta, músico y artista plástico venezolano Juan Ortiz: En La Boca de los Caimanes: ¿Qué es normal?

 

El maestro Ortiz, con su candidez característica, no solo me hizo el honor de regalarme su obra para que pudiera disfrutarla a mis anchas, sino que, además, me permitió garabatear esta pequeña reseña que nos compete el día de hoy. El subtítulo del libro, “¿Qué es normal?”, es una pregunta que pasea por todos los cuentos que, de forma entrelazada, nos relatan la historia de un enigmático pueblo del trópico y su pintoresca gente. 

 

Sinopsis de En La Boca de los Caimanes


Una familia muy especial

 

Todo comienza con Fiorela Cortesía, una pequeña niña autista que alberga un universo místico en su interior, pero que, para fines más vulgares —más cómodos para el mundo exterior, por decirlo de alguna forma— se mantiene callada, mientras observa con su inusitada inteligencia y sensibilidad los sortilegios del mar, los fenómenos luminosos que se dan en el cielo y la magia que constituye a su terruño, pero de la que pocos se dan cuenta.

 

Fiorela es acompañada por sus padres, María y Miguel —ambos tan particulares como su hija—. El hombre es un gigante amable, un sujeto de gran corazón con el talento de tallar beldades en caracoles y conchas marinas. La mujer, por otro lado, es una poetisa lánguida con un extraño padecimiento. Ella es capaz de desaparecer de los recuerdos de aquellos con quienes no comparte un lazo de sangre, lo que hizo verdaderamente difícil que Miguel y ella pudieran estar juntos en primer lugar.

 

En La Boca de los Caimanes todo está conectado


“¿Qué es normal?” es un cuestionamiento que va a repetirse a lo largo de la novela de Juan Ortiz, y la razón es tan simple como necesaria: mostrar que nadie entra dentro del tan frecuente término que evoca a lo “común”.

 

En este caso, la falta de normalidad es una característica que distingue a todos los habitantes de La Boca de los Caimanes —nada extraño fuera de las páginas del libro, realmente—. En el texto, los personajes están conectados a través de la estructura irrompible del misterio y las anécdotas, tanto así que para mencionar a uno se debe hablar de todos. De hecho, el pueblo en sí es otra criatura más, un ente vivo, un actor que en cada cuento se mece frente a nosotros con total soltura.

 

Ahora bien, la encargada de poner de manifiesto la pregunta central es Fiorela; la pequeña la grita ante toda su clase para hacerle frente a Natalia Buraco, la maestra del segundo grado, sección “C” de la respetable escuela Tío Tigre, fundada por el magnánimo Gabriel García Márquez —inspiración de Ortiz— y dirigida por Griselda Crisis, hija del doctor del pueblo y de una superficial y ocupada empresaria.

 

El conflicto de Fiorela con su maestra tuvo lugar porque la niña no hizo caso cuando Natalia le pidió que entraran al salón. Entonces, la alterada mujer tuvo la osadía de preguntarle a la pequeña por qué no podía ser normal como los demás niños. Buraco, en un inusual arranque de frustración que desembocó en la ruptura de su registro perfecto, cometió un terrible error que trajo consigo un evento mágico que ninguno de los que hacían vida en el plantel olvidaron jamás.

 

Un foráneo especial y un pueblo poco común

 

Al leer esta obra es muy fácil notar que para contar la historia de un personaje es necesario relatar las anécdotas de otros tres. Así, por ejemplo, a través de Fiorela se conoce a sus padres y a su maestra. Mientras tanto, mediante Natalia es posible saber de la vida de Manuel Cedeño, el decimista del pueblo, y de Griselda Crisis, la flamante directora. Al mismo tiempo, es a través de este personaje que conocemos a Eugenia y Eugenio Crisis, sus padres.

 

Eugenio es un doctor griego que llegó a La Boca de los Caimanes por azares del destino, mientras que Eugenia —la que antes llevaba el apellido “Chiquita”— es (o fue) una vendedora de pescado que logró atrapar al galeno con su hermosura y que, al casarse, abandonó su pasado y se convirtió en una empresaria capaz de hacerle competencia a Yayo Vergas, el primer magnate de esa isla. Sí, el libro es un paseo redondo por las vidas de sus personajes.

 

Los Eugenios, el Note y el Sur

 

Para construir a Eugenio Crisis, la pluma de Ortiz se desplaza muy lejos, en específico, hasta Loutro, Creta. Eugenio es mi personaje favorito por muchas razones, entre ellas, el hecho de que su corazón es más grande que la propia Grecia. El hombre, tras obtener el título de médico, se embarcó en un viaje por el mundo. Gracias a su extraordinaria inteligencia y memoria logró recorrer el mediterráneo hasta llegar a Salamanca para especializarse en psiquiatría infantil —no sin antes haber aprendido castellano de forma autodidacta—.

 

Con mil aventuras vividas y el conocimiento necesario, Eugenio pensó que era hora de encontrar el amor. Por azar —y un terrible accidente—, el doctor terminó en La Boca de los Caimanes para conocer a la que sería su esposa por muchos años: Eugenia Chiquita. Sin embargo, el mar no siempre mece las olas a favor de la eternidad. Cuando Eugenia se empapó de opulencia dejó a un lado a su familia, y su esposo, con un amargo frío instalado en su pecho, fue a parar a la zona Norte de La Boca de los Caimanes —un lugar maldito— junto a Rebeca Linares.

 

¿Qué es normal?

 

En La Boca de los Caimanes, redondita como pocas obras que yo haya leído, todas las preguntas directas tienen una respuesta simple. Antes de que Fiorela Cortesía le gritara a Natalia Buraco “¡¿Qué es normal?!”, la pobre criatura atravesó siete noches de sufrimiento y tensión. Fiorela es una niña única: inteligente, con gran capacidad lingüística, observadora, conocedora de todos los secretos de su isla…

 

No obstante, los que hemos padecido las burlas y señalamientos de terceros por nuestra apariencia, estética, forma de ser, o, simplemente, por existir, sabemos muy bien que la pregunta “¿Qué es normal?” se vuelve una constante en nuestras vidas, y si alguna vez somos tan valientes como Fiorela, la preguntamos sin más. Algunas veces solo recibimos miradas errantes, otras, algún justiciero nos responde. Por suerte para nuestra niña, Griselda Crisis tiene mucho carácter.

 

La pluma de Ortiz, la magia, el mar e historias interconectadas

 

En La Boca de los Caimanes es ese tipo de libro que te hacen evocar imágenes, olores, sabores, escalofríos, ternuras y risas, ¡muchas risas! Las mujeres de esta pequeña isla son poseedoras de un aroma particular a cayenas. Es con esa cualidad con la que enamoran a sus hombres, quienes solo asienten y se resignan a caer, hipnotizados e hinchados de magia. Ellos, a su vez, las agasajan con poesía, recurso de gran importancia en esta obra.

 

La prosa de Juan Ortiz permite que el lector viva en La Boca de los Caimanes, conozca a fondo la biografía de su gente, sus costumbres, sus amores… todo a través de un lenguaje intimista pero lírico que siempre me hizo sentir como quien visita a un viejo amigo al que no sabía que extrañaba. Esta novela me hizo reconocer a Margarita, mi isla, me hizo escuchar su mar y el canto de las sirenas acompañadas por el mero guasa gigante que custodia una misteriosa isla al frente, de la que será posible saber más en la segunda entrega.

 

La opinión de una bruja

 

Esta es una obra costumbrista y de realismo mágico que no cuenta una historia lineal. En La Boca de los Caimanes es una novela sobre la gente y sobre el pueblo, a los que se puede conocer a través de una serie de subtramas a modo de cuentos cortos que se entrelazan para responder a la pregunta principal, un enigma más desesperado que la maldición que azota La isla de los Aparecidos.

 

En La Boca de los Caimanes es una carta de amor a la Isla de Margarita, al pueblo de Punta de Piedras y a la literatura, a los seres poco comunes, a la cocina exótica, a la forma de hablar de la gente de pueblo, al océano, a los mitos, y, sobre todo, a las personas que son diferentes y necesitan una voz que ponga en palabras exactas, milimétricas, lo que realmente significa ser normal, y cuya respuesta es, en suma, que: “¡Todos aquí tenemos un toque!”.

 

Si como yo, quieren ir a vacacionar a un lugar mágico frente al mar, donde pueden comprar las artesanías de Miguel, las décimas de Manuel, jugar con Fiorela y su colección de caracoles, ir a pescar con Yayo Vargas, tener una conversación con el doctor Crisis, o que Gloria —la que lee la suerte en las nubes — les haga una predicción, no lo piensen más, vayan a Amazon y descubran este maravilloso pueblo, donde todavía quedan mil historias por contar y muchos personajes por conocer.

 

Pueden adquirir la obra haciendo clic en este enlace:

 

Comments


bottom of page